jueves, 11 de marzo de 2010

Las musas

No me vienen las musas,
las hijas de puta me han olvidado
como se olvida un paraguas viejo
en un banco,
junto a una alcantarilla.
Y mira que las quise,
y dejé por ellas
no sé qué, no sé por qué...
En mi triste memoria de hombre solo
se agolpan los recuerdos del fracaso,
y todo lo que pensaba
que compartía con ellas.
Pero ahora se han ido,
y las hermosas palabras
de Calíope,
los cantos dulces
de Melpómene
o las caricias desenfrenadas
de Erato y Euterpe
serán para otro (no para mí).

24 comentarios:

Juan "El Manteca" dijo...

¿Sabes, amigo? Desde que aprendí a trucar dados y a escribir con los codos, tuve una relación compleja con las Musas que se esforzaron en susurrarme alguna historia, luchando contra esos tapones con textura de mostaza que tengo en los oídos. Bajaban de pronto, tranquilas y limpias, como recién duchadas tras una sesión de tai-chi, y me sorprendían jugando o escribiendo entre sombras y nostalgias, sobre un papel de estraza manchado con el chorizo que Er Tato me pone después de abrillantarlo con el paño de secar los vasos. Luego, es obvio, me da la analítica médica un colesterol tan alto como ibérico, para el que mi doctora no encuentra la prescripción adecuada o el milagro eficaz. Ella, por cierto, mi doctora, tiene unos rasgos felinos y azulados que, cada invierno, me inspiran un sarampión renovado, febril, adolescente y hormonal.
Imagino a las Musas. La mejor proporcionada de todas ellas tuvo que ser la de Policleto, seguro que cojeaba con elegancia e ironía la de Quevedo y, francamente querido, no logro una imagen de la Musa que para cada ocasión, o cada revolcón, usaba Pablo Picasso: intento recrearla y parece que he vuelto a tomar una copa de más. Y es que entre la pintura cubista y el alcohol adulterado, a veces, se borran las diferencias.
La primera Musa que vino a visitarme cantaba como Olivia Newton-John, pero me salían artículos tan tiernos que hasta mi firma hacía pucheritos. La segunda vestía minifalda y no tuve que gustarle mucho porque, al poco de llegar, se marchó con un poeta que pasaba por allí, uno de esos tipos escudados en la rima libre con tal de disimular su mediocridad. Luego vinieron otras, algunas se fueron sin pagar la mensualidad. Pero me quedo con la última, amigo, una Musa tísica y desdentada a la que suelo invitar a comer tortilla de patatas, que mezcla el jarabe para la tos con una palomita de anís y me coge de la mano para emprender un vuelo rasante por mis letras siempre movidas y desordenadas, como si el abecedario tuviera por costumbre hacer footing dentro mi cerebro. Le debo a esta Musa crepuscular todo lo que voy siendo y escribiendo en los últimos metros de mi vida. Me enamoré de ella y le escribo cartas en cuartillas con acné. Asómate a la ventana de vez en cuando, querido amigo, quién sabe si cualquier lunes por la mañana, acaso, tendré que hacerte señales de humo para pedirte que seas el padrino de mi boda.

Abrazos

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Si el poema deja tocado, el álogo del Manteca ya te remata. Qué barbaridad. Enhorabuena a los dos.

Miradme al menos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Miradme al menos dijo...

Humillo, señores. Me dolía la cabeza y, tras leeros, se me ha quitado.
Un abrazo compartido.

P.D.: Por cierto, Juan Manteca, ¿qué días viene a visitarte esa musa desdentada? ¡Podríamos quedar para tomar tortilla juntos...

José Miguel Ridao dijo...

¡Qué barbaridad! ¿Quién necesita musas? Cuando te lleguen escribirás cagadas de las mías...

Juanma dijo...

Fascinante poema, hojas. Yo casi me atrevería a decir que inspiradísimo poema, amigo.

Abrazos.

Ramón Simón dijo...

Las musas no existen. Perdón si existen, son mujeres nuestras musas, quienes inspiran al hombre.

Un abrazo.

madison dijo...

Tras leerte tengo la sensación de que no te hacen puñetera falta, oquizá solo han salido a tomar el aire y no te han dejado...
Genial, Roble
Un abrazo

Speranza dijo...

Las musas son unas impertinentes, yo, cuando las llamo, nunca vienen...
A mí me hubiera gustado ser musa de mayor, ahora que lo pienso.
Totalmente de acuerdo, qué hijas de puta.
Besos desde Triana, República Independiente.

Las hojas del roble dijo...

Vaya comentario má bueno, Manteca. Estoy por borrar la entrada y poner lo tuyo.
Un abrazo, JM

Las hojas del roble dijo...

Gracias, Juanito

Las hojas del roble dijo...

Miradme, nos alegra haberte servido de aspirina. Me apunto a la cita...

Las hojas del roble dijo...

No seas tan duro, Ridao, cohone

Las hojas del roble dijo...

Curioso que sea inspirado ¿eh, Juanma?
Gracias mil, amigo

Las hojas del roble dijo...

Las tías buenas, Ramón

Las hojas del roble dijo...

Qué generosa eres, Madi

Las hojas del roble dijo...

Pero tela, Spe

Triana, república independiente.

Alejandro dijo...

Sí, vamos, a ti te han abandonado las musas y a mí el pulso.

Es magnífico, Julio, no lo dudes.

América dijo...

Las musas están sentadas tu derecha,a la izquierda el Manteca. telaaa marinera todavía tratando de poner orden a mi mundo real.

Abrazos de ida y vuelta a montón.

José María JURADO dijo...

Pues sí que son hijas de musa las *** estas.

Las hojas del roble dijo...

Gracias, Ale. Recupera el pulso pa dibujá.

Las hojas del roble dijo...

Lujo oriental, América

Abrazos de ida y vuelta

Las hojas del roble dijo...

Arte tienes, Jurado.

Pasión dijo...

Genial las hojas del roble.

Bueno, si las hijas de p..a de las musas no "vienen" a verte, yo sí, no me pierdo ni una entrada.

Un abrazo