Dicen las malas lengua que Alonso Quijano perdió la cordura de tanto leer, y nos lo creemos: al fin y al cabo, nos lo cuenta Cervantes . Pero la Literatura ( así, con mayúsculas) no ha reparado nunca en otros personajes que bien merecen nuestro recuerdo .
José Eusebio Higuerón Vargas nació en 1916 en la cava de los calés, en Triana. Desde su más tierna infancia (llamarla tierna es pura licencia literaria, ya que malvivió en las pésimas condiciones que su entorno le brindaba) mostró especial inclinación por la escritura y se dedicó frenéticamente a componer hermosos poemas que los gitanos luego cantaban en los días de fiesta. Tal fue su frenesí , que llegó a contraer diversas enfermedades mentales relacionadas con el ansia creativa, y media docena de trastornos obsesivo compulsivos.
En los inicios de la Guerra Civil, su familia se muda al barrio de San Julián, en pleno Moscú sevillano, lugar en el que nuestro amigo disfrutará componiendo odas, canciones y algunos opúsculos de carácter panfletario que hacían las delicias del respetable (que no respetado) sector proletario.
Somos el pueblo que grita
a los cabrones fascistas.
Una buena tarde, José Eusebio fue a dar un paseo por El Altozano (la vista del padre Guadalquivir era una de sus fuentes habituales de inspiración) y allí, mardito sea er destino, la bala perdida de un miliciano le reventó el corazón, su pequeño corazón de poeta loco y mal alimentado. En su pantalón, un papel manchado de sangre.
Mama:
Que yo no quiero morir;
más miedo me da la muerte
que las penas del vivir.
José Eusebio Higuerón Vargas nació en 1916 en la cava de los calés, en Triana. Desde su más tierna infancia (llamarla tierna es pura licencia literaria, ya que malvivió en las pésimas condiciones que su entorno le brindaba) mostró especial inclinación por la escritura y se dedicó frenéticamente a componer hermosos poemas que los gitanos luego cantaban en los días de fiesta. Tal fue su frenesí , que llegó a contraer diversas enfermedades mentales relacionadas con el ansia creativa, y media docena de trastornos obsesivo compulsivos.
En los inicios de la Guerra Civil, su familia se muda al barrio de San Julián, en pleno Moscú sevillano, lugar en el que nuestro amigo disfrutará componiendo odas, canciones y algunos opúsculos de carácter panfletario que hacían las delicias del respetable (que no respetado) sector proletario.
Somos el pueblo que grita
a los cabrones fascistas.
Una buena tarde, José Eusebio fue a dar un paseo por El Altozano (la vista del padre Guadalquivir era una de sus fuentes habituales de inspiración) y allí, mardito sea er destino, la bala perdida de un miliciano le reventó el corazón, su pequeño corazón de poeta loco y mal alimentado. En su pantalón, un papel manchado de sangre.
Mama:
Que yo no quiero morir;
más miedo me da la muerte
que las penas del vivir.
