No soy de aquellos que sirven
a la aventura inmoral de lo pedestre.
Tampoco hay evidencias que me vinculen
con las prácticas místicas o contemplativas:
solo sé (bueno, sé alguna cosa más)
que me sigo despertando
con la misma tristeza de cuando era niño,
y salto de la cama
como un loco
a fumarme un cigarro y comerme cuatro naranjas
(cinco serían gula, creo).
Sevilla
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Sevilla, como Venecia o Nápoles, de todos manoseada, de todos deseada, de
todos vilipendiada o repudiada.
¿Qué saben de ti quienes ignoran que son siglos...
Hace 15 horas

1 comentario:
Me identifico con todo eso que cuentas y con la manera de contarlo. Y tus finales me gustan mucho.
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