Frente a una poesía romántica,
de autolísicos impenitentes
e histéricos redomados
que solo desean el dolor;
frente a una poesía erótica,
insoportable de humedades,
flujos, líquidos, y otras bilis
que exudan almas y cuerpos viscosos,
se impone la poesía del sentido común,
la renuncia a la libertad a cambio
de una buena hipoteca, colas para ir al baño
y turnos en la colada.
La vida, y ya está.
LA CERA DERRETIDA
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*...la muerte puso huevos en la herida*
*a las cinco de la tarde**.*
*A las cinco de la tarde**.*
*A las cinco en punto de la tarde**.*
Fede...
Hace 2 días

