Los psicólogos y otros tratantes del alma, en ciertas ocasiones, reducen nuestros dolores y sentires a meras etiquetas (tiene usted un síndrome tal, otro cual…) en una práctica que en muchos casos no está exenta de cierto grado de vampirismo espiritual.
Y en esto, yo me pregunto, ¿es posible encerrar la complejidad del ser humano en un simple nombre? ¿nos estaremos volviendo jíbaros?




