Frente a una poesía romántica,
de autolísicos impenitentes
e histéricos redomados
que solo desean el dolor;
frente a una poesía erótica,
insoportable de humedades,
flujos, líquidos, y otras bilis
que exudan almas y cuerpos viscosos,
se impone la poesía del sentido común,
la renuncia a la libertad a cambio
de una buena hipoteca, colas para ir al baño
y turnos en la colada.
La vida, y ya está.
Isabel, la castiza
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Está bonita esta obra, de Ángel Marqués Valverde, que ganó el XXX premio de
teatro de la Universidad de Sevilla, dedicado al inolvidable Rafael de
Cózar de...
Hace 19 horas

