Creo que a veces es más difícil
seguir un camino que encontrarlo
y pedir perdón por gritar
cuando se le han visto las garras
a un lobo que no existe.
Y en el fondo, ¿qué más dan
veinte minutos que sesenta
o tres vueltas que dos?
Nuestra vida no es un microondas
ni un horno convencional:
es una flor que a veces miramos
incapaces de olerla.
ZVEREV Y EL TIGRE DORMIDO
-
*Al Real Betis Balompié*
Queridos lectores:
Hace más de veinticinco años que soy diabético. No es ningún dato
extraordinario para nad...
Hace 2 días

