martes, 20 de mayo de 2014

La rosa marchita

Ahora que sobre nuestro  suelo
ya serpean
alguna que otra culebra
y ratones comunes de campo,
te pregunto, querida compañera,
si guardas aún marchita
la rosa que te entregué una tarde,
el ramo de nardos 
que olían a bisabuela
y eran marca inequívoca
de mi amor y lealtad.
Pregúntame
si yo tengo algún remedio o carrillón
contra el roce de la costumbre
y la sola soledad del tiempo.

1 comentario:

Fernando Moral dijo...

Individualidad universal.

Enhorabuena.