sábado, 12 de octubre de 2013

Inspiración

La felicidad no se cifra
en la negra caoba de una mesa que permite
apoyar los brazos y el alma
en una tarde de estilográfica y copa.
La felicidad no le debe nada
a una resma de papel Galgo,
ni a las viejas gafas quevedo
perdidas en el fondo del cajón.
La pared nos mira, pálida e impertinente,
como atrezzo imprescindible
del ritual de tinta.
Y la felicidad, de perfil,
pasa de largo, con incontinencia y lujuria de ocultarse.

4 comentarios:

madison dijo...

Me encanta el poema, Julio
Cuánto tiempo sin venir a visitarte!
Un abrazo

Las hojas del roble dijo...

Muchas gracias, Madi.Espero que estés bien

Jesus Cotta Lobato dijo...

Me gusta el poema y el final es estupendo.

Anónimo dijo...

Muchas gracias, querido Cotta